A mediados del siglo XIX se asentaron en Villaverde las primeras industrias. Desde entonces, la incesante implantación de factorías determinó la configuración demográfica y urbanística de un distrito eminentemente obrero.
A partir de los años 70, las administraciones madrileñas hacen la vista gorda ante la proliferación de asentamientos chabolistas. La desindustrialización de los 80, el incremento del paro y la extensión del consumo de drogas crean un peligroso caldo de cultivo que deteriora la convivencia vecinal.
Las movilizaciones ciudadanas comienzan en los años 70, pero alcanzan su cenit en los 90. Es entonces cuando arrancan a las administraciones su compromiso de erradicar los poblados.
El futuro de los asentamientos se dibujará, de acuerdo a las asociaciones, en clave de regeneración industrial y medioambiental: el poblado de Torregrosa forma parte del Parque Lineal del Manzanares; Boetticher y Navarro se convertirá en un centro de innovaciones tecnológicas; Plata y Castañar se transmutará en un ecobarrio y El Salobral formará parte de un parque científico y tecnológico.